Enric, creo que todos los que hemos trabajado contigo de una u otra
forma admiramos tu cercanía y entrañable cordialidad. No hay más que acompañarte
por la oficina de Las Rozas y ver cómo te van parando a cada paso.
Ahora que me pasas el testigo, agradezco infinitamente tu apoyo y la confianza
de contar con tu ayuda cercana.
Por cierto, te debo además el único premio de cocina que he ganado (y
ganaré me temo J),
aunque fuera como pinche al servicio de un maestro paellero como tú.
No sé si descansarás mucho, creo más bien que seguirás liado, entregado
a un montón de aficiones, pasiones y por supuesto al cariño de los tuyos, así
que te deseo que lo disfrutes con la tranquilidad de haber logrado tantos
objetivos. Ahora, ¡a perseguir otros nuevos!.
Un abrazo.
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