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lunes, 8 de enero de 2018

Querido amigo, Enric: me pongo a escribirte algo y no sé por dónde empezar; me vienen a la memoria tantas cosas... Fue un día de agosto de 2003. ¿Recuerdas? La tercera persona de la empresa que me presentaban, desde el momento de mi incorporación. El edificio antiguo de Barcelona. Tus buenas palabras de acogida, que nunca olvidaré. Tú eras CISS.
Desde entonces, unas cuantas batallas sí que hemos vivido juntos... Hasta un terremoto en Valencia. ¡Cómo corríamos escaleras abajo! Lo hemos pasado bien. ¿Verdad? Desde luego, si no hubieses sido tan buen tío, habría sido imposible la aventura. Muchas gracias por tu apoyo incondicional.
En más de una ocasión hablamos de este momento, como algo utópico que nunca llega, y no nos creíamos que iba a llegar. Pero ya ves, aquí estamos.
Te mereces -y mucho- disfrutar de todo lo que has hecho, y de lo más que te queda por hacer. Deseo que esta nueva etapa de tu vida sea como siempre has soñado que sería; desde luego, gente buena a tu alrededor tienes para que ayude a ello. Aquí tienes uno más para el equipo. Tenemos cosas pendientes que nos dejamos, precisamente, para este momento. Pues ahora las cumpliremos.
Seguimos viéndonos, amigo. Un abrazo enorme.

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